Este proyecto lo realicé en una residencia unifamiliar en Durango, tras finalizar mi segundo año de estudios, y supuso varios desafíos. Por un lado, la excesiva pendiente del bancal: eliminamos la mayoría de los bordes metálicos que resultaban poco útiles y antiestéticos, y optamos por reutilizar piedras de aspecto natural encontradas en la misma finca, lo que permitió disponer de una zona de plantación más horizontal. Por otro lado, la presencia de una hiedra que llevaba décadas creciendo había generado un grueso manto de raíces que ahogaba las plantas posteriores; eliminarlo fue esencial para dar espacio a nuevas plantaciones, aunque fue necesario añadir tierra para compensar la pérdida de suelo, sabiendo que probablemente la hiedra volvería a brotar y que el mantenimiento debía ser constante. El parterre estaba en una zona sombría, donde en algunas partes no entraba luz prácticamente en todo el día, por lo que utilizamos plantas adaptadas como cyrtomium falcatum, ophiopogon y cárex morrowii, mientras que en las zonas más soleadas incorporamos santolinas, salvias, diomas, nanadinas, pittosporum, andrómeda polifolia y astilbe. Finalmente, añadimos una buena capa de triturado para proteger el suelo y facilitar las labores de desherbado.